Con aura de triunfo

10.11.2017

“Históricamente, hemos visto a estos equipos que estando dentro de los mejores en las rondas de calificación, en cuanto llegan donde realmente cuenta, dejan de jugar” Es lo que dice el entrenador de los All whites, Anthony Hudson en la entrevista realizada por Brad Lewis para Newshub. Hudson espera que en esta ocasión Perú se comporte de la misma manera.

No seré futbolera pero soy peruana, y al escuchar esta entrevista me sentí que Hudson puso el dedo en una profunda herida. Me sentí mal. Tan mal como hace dos días cuando mis estudiantes del curso que enseño en la universidad, me contaban que era “normal” que los explotaran en sus trabajos. “Tienes que marcar tu salida y volver a trabajar”, “en todas partes es así”. Y al preguntarles sobre las empresas donde trabajaban, mi sorpresa fue aún mayor al ver que se trataba de empresas bien raqueadas entre las “Mejores empresas para trabajar”.

Al igual que nuestros jóvenes de la selección, no nos creemos lo capaces que somos, no nos sentimos lo suficientemente empoderados para salir a ganar, vemos el éxito como algo que no nos corresponde. Aprendimos desde muy niños a adoptar una perspectiva de desesperanza. Desesperanza porque llegar al mundial es cosa de la época de nuestros padres o abuelos. Desesperanza porque es “normal” aceptar marcar nuestra tarjeta y volver a trabajar. Desesperanza porque el éxito solo se vive en las películas.

Como en el caso de mis alumnos, para nosotros termina siendo “normal” la explotación, la corrupción, la inseguridad, la pobreza, la discriminación o, el perder nuestra oportunidad de llegar al mundial. Y junto a ello, sentirnos que así es y así seguirá siendo ya que así es el Perú.

Pero aparece un Gareca, un líder con que trabaja incansablemente con el firme propósito de forjar un equipo ganador. Un líder que hizo su misión el transformar no solamente el futbol de Perú sino su mentalidad.

Una de las primeras decisiones de Gareca fue contratar a un psicólogo para ayudar a sus jugadores a manejar la altísima presión de representar a un país con grandes expectativas. Un gran reto que implica desaprender la desesperanza y aprender a valorarse, a creerse que, con esfuerzo, disciplina, práctica, buena técnica, etc., sí se puede triunfar. De esta manera, los jóvenes de la selección han vencido a su mayor rival, ellos mismos.

Soy consultora en cultura organizacional y apoyo a muy buenos directivos en sus esfuerzos de cambio cultural, así que estoy acostumbrada a preguntas como “¿Qué hago para que mi equipo se atreva a decirme las cosas?”, “¿Por qué me dicen que sí cuando no saben, en lugar de preguntar?”, “No entiendo por qué tienen miedo”

Ese patrón de desesperanza no es propio de nuestros jugadores solamente, es propio de nuestra cultura, y por lo tanto, está presente en los jóvenes que van a representar al Perú tanto como en los que van cada día a trabajar.

El escritor de futbol Liam Hyslop escribe en STUFF que los mejores jugadores y equipos tienen un aura imparable a su alrededor y que mucho del deporte es un juego mental por el cual, si entras a la cancha pensando que será un juego difícil, lo será y perderás. Gareca ha logrado que nuestros jugadores entren a la cancha con un aura imparable, fortaleza psicológica, temple mental y, lo más importante, con esperanza y confianza en sí mismos.

Los hemos visto mantenerse ecuánimes y en control frente a potentes adversarios y es claro que no se ha tratado de un golpe de suerte sino de una constante, juego tras juego, lo cual denota que los resultados son fruto de un trabajo disciplinado que ha pasado a ser parte del nuevo ADN cultural del futbol peruano.

Pienso que todas las empresas (y el Estado) necesitan líderes como Gareca para forjar jóvenes emprendedores capaces de contribuir activamente, no solo con la empresa, sino con la sociedad en general. Jóvenes empoderados para dar sus opiniones, decir lo que piensan, tomar riesgos, cuestionar el estatus quo, y luchar por sus ideales incansablemente y sin miedos.

Como todos los peruanos y peruanas, deseo fervientemente que logremos clasificar para el mundial, no solamente por llegar al mundial, sino, más importante aún, para poder transmitir ese mensaje de que ¡sí se puede triunfar! Con disciplina, dedicación, buena técnica y práctica constante ¡sí se puede triunfar!, en el futbol y en todo lo que uno se proponga.

Y que este mensaje cale en la mente de todos los peruanos, que el comportamiento de nuestra selección sea un ejemplo para nuestros (as) jóvenes que deben de tener clarísimo que el futuro del Perú ¡está en sus manos!

Dejemos que Hudson, Hyslop y todos piensen que nuestra selección se “achicará” ante los aguerridos kiwis. Que sigan creyendo que el equipo de Nueva Zelanda entrará a la cancha con el aura de triunfo, en especial ahora que no tienen al otro lado a un Messi o a un Sánchez.

Yo creo que, más bien, se darán con la sorpresa de enfrentar a un equipo con un aura de triunfo que no les dará tregua.

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Iris Reyna

iris@irisreyna.com

Teléfono 511 4219030

Av. Angamos 1267 of 502 Miraflores

Perú

4 respuestas a “Con aura de triunfo”

  1. Buen artículo, Iris, gracias. Pero la falta de esperanza – y la confianza en la derrota – se deben no solo a una cultura, sino también a la impactante cultura de la explotación. Me gustaría ver un artículo sobre cómo superarla. ¿Cómo enfrentar la cultura que exija ‘marcar la tarjeta y volver a trabajar’? ¿Cómo formar nuevos gerentes, empresarios?

  2. En parte tienes razón Iris, pero decir que los peruanos somos asi es mucha gente. Depende cómo se eduque y te eduques. Yo a mis hijos nunca les advertía y decia que se iban a caer cuando se paraban en la silla, porque como bien dices, se caerían.

    Simpler les dije, ¡¡¡ Agárrate bien ¡¡¡¡ y así nunca se cayeron. Ahora saben bien que tambien la distancia más corta es la línea recta y es la forma de siempre llegar más rápido.

  3. Concuerdo contigo Iris. Solo añadiría que esto nos aleja de la felicidad. Usando palabras de Facundo Cabral: muchos están años en trabajos que odian, siguen con parejas con las que no quieren estar. ¿Por qué? ¿acaso no quieren ser felices?.
    El círculo vicioso tiene que romperse desde el hogar, desde la familia. ¿Por qué conformarnos con las migajas que caen de la mesa o con el “chorreo”? ¿Por qué no podemos sentarnos en la mesa? ¿Por qué no podemos tener el control de la llave del agua?

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